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LAS MALAS COMPAÑÍAS Todo está cambiando desde que va con Fulanito¿Alguna vez te has parado a pensar que el comportamiento de tu hijo, fuera del entorno familiar, puede ser distinto al que conoces de él? ¿Has intentado enterarte de quiénes son las compañías de tu hijo y qué hacen cuando están juntos? Y, por último, ¿qué puedes hacer si sus amigos no te parecen los más adecuados? Estas y más preguntas nos hacemos a lo largo de nuestra convivencia con los adolescentes. Dudas sobre los motivos que incitan al consumo de drogas o alcohol, o comportamientos antisociales, o al alejamiento de los estudios. Los estudiosos del comportamiento adolescente en el grupo coinciden en que la mayor parte de sus acciones se debe a movimientos sincronizados de una dinámica de grupo. Esta sintonía está determinada por los líderes de ese colectivo. Evaluación de la situación desde la familia No resulta nada fácil enfrentarnos a estas situaciones para encontrar soluciones, pero no por ello hemos de abandonar. Tus inquietudes no van a remediarse dando la espalda, como tampoco van a desaparecer con actuaciones tiránicas de las de "ordeno y mando" o de las de "lo digo yo que soy tu padre..." Puedes encontrar el camino aplicando un conjunto de medidas que actúen en sinergia y de forma complementaria. Tienes que someter a un cuidadoso análisis el entorno del adolescente, trata de conocer los caminos que transita y la presión que puede ejercer la pandilla. Qué no debes hacer Sobre todo intentar proyectar en nuestros razonamientos hechos y acontecimientos que entendemos pudieran darse en base a nuestra propia experiencia. En realidad, este posicionamiento no es más que cariño, aunque un poco egoísta, protección mal dirigida, inadecuada, que más que arreglar situaciones, origina tensiones que se traducen en mayores distanciamientos. Si esto llega, ten en cuenta que los primeros interlocutores de sus problemas van a ser sus amigos, con quienes pasan la mayor parte del tiempo y hablan su mismo lenguaje. Esas "malas compañías" adquieren una especial relevancia, entre otros pormenores. En ellas se relacionan y se comunican los unos con los otros, incluidos los del sexo opuesto. Se mantienen escalas de dependencia, se secundan y apoyan corrientes, incluso, se acuerdan permisos, reglas, conductas y restricciones, nexos de unión que con la familia se han roto. Salvador Ortega. EXPERTO EN CRIMINOLOGÍA
LO QUE DEBEMOS HACER PARA AUMENTAR SU AUTOESTIMA En muchas ocasiones, nos preguntamos como padres acerca de cómo reaccionar ante los fallos y fracasos de nuestros hijos. La respuesta es contundente: si el niño crece y desarrolla una buena autoestima es porque sus padres lo homenajean o le reconocen sus logros. Hay que ser generosos con los piropos y evitar la tacañería en los halagos; felicitarlos con frecuencia y no sólo cuando son bebés o niños pequeños. En otras ocasiones, nos cuesta hacerlo porque es más fácil ver los errores que los aciertos.Pero, ¿cómo podemos mejorar la autoestima de nuestros hijos? 1. Nuestro hijo es como es. En primer lugar, damos por supuesta la total aceptación de la personalidad del niño por parte de sus padres. No debemos fantasear con otro. Demostremos nuestro cariño de una forma sincera. 2. Evitar ambigüedades sobre su comportamiento. Debemos proporcionar al niño instrucciones claras y definidas. 3. Respetemos la individualidad de nuestro hijo. Transmitámosle nuestro cariño con el lenguaje verbal y nuestros propios gestos. 4. Fomentemos actitudes positivas y evitemos las negativas. 5. Reforcemos lo positivo de la otra persona. Demos a nuestros hijos la oportunidad de expresar sus cualidades, pues de este modo podrán ver por si mismos de lo que son capaces. 6. Escuchémosles de manera cálida y activa, sin distracciones y de forma incondicional. Demostremos que no sólo les escuchamos, sino que comprendemos lo que dicen. 7. Informémosle sobre lo positivo que percibimos de él. Contestemos y hagamos comentarios sobre lo que nos relata. 8. Evitemos elogios ambivalentes. Por ejemplo: "Estás casi al nivel de tu hermano". 9. Fomentemos un espacio de autonomía y libertad. Debemos hacerle sentir que, progresivamente, es propietario de su tiempo y entorno. 10. Estimulemos su responsabilidad: "Me fío de cómo lo haces. Si te equivocas, te ayudaré a superarlo". 11. Evitemos las generalizaciones: "Todo lo haces mal. Eres muy torpe, muy llorón". Recordemos siempre que nuestra intención es la de cambiar un comportamiento incorrecto y no la de provocar daño a la autoestima. 12. Avivemos la autoestima de los estudiantes, evitemos el trato humillante, minimicemos el estrés en la escuela. DIEZ CONSEJOS PARA ESTIMULAR LA LECTURA
Cómo seducirles con los librosSeguro que todos recordamos algún libro que nos marcó en la infancia. Aquél que nos atrapó y que nos llevó a otro y después a otro más. ¿Quién nos lo regaló o quién nos sugirió su lectura? Y antes de ése, ¿quién nos contó, mientras nos quedábamos dormidos, nuestro primer cuento? María Valladolid. PEDAGOGA Cuando los padres nos quejamos de que nuestros hijos leen poco, estamos refiriéndonos a que están perdiéndose algo muy valioso, ese placer de la lectura que, los que somos lectores, no cambiaríamos por ninguna otra forma de ocio. Sin embargo, no debemos caer en el tópico de que cualquier tiempo pasado fue mejor porque los chicos de antes leían más. Nuestros hijos están creciendo en una sociedad diferente, con otras formas de información y entretenimiento y es lógico que les dediquen tiempo. Pero, en términos cuantitativos, ahora se lee más que nunca y son precisamente los niños los que más leen. Aunque también es cierto que, a partir de los 10 ó 12 años, dedican menos tiempo a la lectura. Entre los motivos de este descenso se vislumbran más tareas escolares, mayor interés por los videojuegos y otras tecnologías, seguimiento de series de televisión cuyo horario es incompatible con la lectura… ¿Podemos los padres contribuir a invertir esta tendencia? ¿Podemos hacer de nuestros hijos unos lectores entusiastas y fieles durante toda su vida? Por lo menos, debemos intentarlo y no sólo por el poder que tienen los libros de actuar sobre la capacidad de aprendizaje, la cultura y la personalidad de nuestros hijos, sino también por el placer inmenso que va a proporcionarles. 1. PONER ENTUSIASMO Despertar el gusto por la lectura es una tarea más afectiva que intelectual. No debemos afrontarlo como una obligación por el bien de nuestro hijo, sino como algo en lo que realmente creemos y que nos proporciona tanta satisfacción como al niño. Recuerda que, aunque es en el colegio donde aprende a leer, la familia es la que crea auténticos lectores. 2. COMENZAR DESDE BEBÉS Desde sus primeros meses de vida, podemos sentar a nuestro hijo en el regazo y enseñarle libros con ilustraciones llamativas, dejar que los manipule, que pase las hojas. También podemos proporcionarle libros especiales para bebés, realizados en tela o plástico. A los pequeños les gusta que les repitan una y otra vez las típicas rimas infantiles o ver cuentos que reproduzcan situaciones familiares para él (bañarse, vestirse, comer) y que vayan contándoselo, o que les pregunten cuando ya empiezan a hablar. 3. LA HORA DEL CUENTO Las rutinas son importantes a la hora de establecer conductas. Por ello, debemos dejar de lado las prisas y la improvisación. Si todos los días antes de acostar a nuestro hijo nos sentamos con él y le contamos un cuento o le acompañamos en su lectura, asociará ese momento con algo placentero que querrá repetir. No tenemos que limitarnos a leer un libro, también podemos inventarnos historias, contarle anécdotas de nuestra infancia… Lo importante es que sienta ese momento como exclusivo para él. 4. LEER CON ÉL Cuando los niños aprenden a leer, los padres, en cierta medida, lo vivimos como una liberación, porque no siempre tenemos tiempo o ganas de leer a nuestros hijos. Pero es importante que sigamos haciendo ese pequeño esfuerzo. Cuando les leemos, no sólo estamos entreteniéndolos y creando lazos afectivos con ellos, sino que también estamos dándoles un modelo de cómo entonar, cómo hacer pausas, cómo interpretar el cuento. Por otro lado, a veces están cansados y necesitan un poco de ayuda. Podemos proponerles leer unos párrafos cada uno. De ese modo, también conoceremos su nivel lector, si presentan alguna dificultad o cuáles son sus intereses. 5. CONOCER Y RESPETAR SUS GUSTOS Debemos aprovechar las aficiones e intereses de nuestro hijo para proporcionarle libros adecuados para él. Sus gustos televisivos o cinematográficos también son fuentes importantes de información. Si le gustan los cómics o las revistas, no hay por qué despreciarlos ni hacer comentarios del tipo “a ver si dejas de leer tebeos y lees un libro de una vez”. Eso sí, sobre todo cuando vaya acercándose a la adolescencia, estaremos pendientes de sus lecturas para conocer los valores que les transmiten. A esta edad, también podemos recomendarle libros que estemos leyendo nosotros y luego comentarlos con él. Reportajes extraidos integramente de la revista Educar Bien con autorización expresa. |